El efecto Pigmalión y las creencias positivas

Por qué debes prescindir de algunas personas de tu entorno si quieres conseguir tus objetivos.

0
91

Cuenta la mitología griega que Pigmalión, un escultor apasionado, estaba obsesionado con encontrar a la mujer perfecta con la que casarse. Después de una larga e infructuosa búsqueda, decidió tallar una escultura que representara la excelencia de la esposa que quería atraer. Y tal fue la entrega y compromiso con la piedra, a la que llamó Galatea, que una noche soñó que cobraba vida. Afrodita, testigo de la historia y conmovida por el amor tan puro que había presenciado, consideró que Pigmalión se merecía tener la dicha que había creado en su imaginación, y así fue como se la concedió dando vida a la estatua que el escultor había tallado.

Mitos a parte, el efecto Pigmalión es conocido en psicología como la capacidad de influencia que tienen las creencias y expectativas de un tercero sobre nuestros propios resultados y rendimiento. Se relaciona este concepto con el de profecía autocumplida, es decir, que cuando expresamos un deseo, de manera inconsciente comenzamos a llevar a cabo ciertos comportamientos que aumentan las posibilidades de que ese objetivo se cumpla.

Según el efecto Pigmalión, si las personas que nos rodean no confían en nuestras capacidades, la tendencia será a que estemos desmotivados y con una frecuente sensación de inseguridad o miedo al fracaso; por el contrario, cuando quienes nos acompañan expresan su confianza en nuestras habilidades y nos apoyan en la búsqueda y consecución de nuestros deseos, nuestra respuesta será de seguridad y autoconfianza. En definitiva, tendremos más probabilidades de conseguirlo.

Uno de los experimentos más importantes que se ha realizado sobre el efecto Pigmalión fue el que llevaron a cabo el psicólogo Robert Rosenthal y la directora de un colegio de San Francisco en el año 1968. Al comenzar el curso, los profesores del aula fueron informados de que todos los alumnos habían sido sometidos a un test de inteligencia. Resultados en la mano, los organizadores entregaron los datos a los profesores, incluyendo los nombres de los estudiantes que habían alcanzado los cocientes intelectuales más altos, y que representaban el 20% de la clase.

Fue justamente ese 20% el que obtuvo las calificaciones más altas de manera sostenida a lo largo del todo el periodo lectivo. La sorpresa, aunque inesperada, llegó al final del curso cuando los profesores supieron que nunca existió ningún test de inteligencia, y que ese 20% que habían sido considerados como los “más listos”, simplemente fueron elegidos de manera puramente aleatoria.

¿Y entonces?

Los profesores fueron inconscientemente condicionados por los datos que se les dieron, quedando también condicionado su comportamiento. Confiaron más en ese 20%, que percibió además este trato diferencial, aunque no fuera con una comunicación verbal directa. Estos niños, los aparentemente más listos, vieron reforzada su confianza y seguridad a lo largo de todo el curso de manera indirecta, y fue por ello que alcanzaron las mejores notas.

Si quieres avanzar en tu camino profesional, selecciona bien de quien te rodeas.

Si quieres diferenciarte, elige a personas que te potencien.

A veces, para que el ascensor pueda subir, es necesario que se baje alguno de los pasajeros.

 

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here