Un cerebro que repite y una generación que lo desafía

Por qué las empresas deben cambiar la forma de hacer las cosas para aumentar el compromiso de sus empleados y generar precursores de marca.

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Dice el Dr. Joe Dispenza en su libro Desarrolla el cerebro, la ciencia de cambiar tu mente, que somos animales de costumbres. Nuestros pensamientos provocan una serie de sustancias químicas adictivas que nos llevan a buscar una y otra vez las mismas sensaciones y repetir las mismas conductas, aunque nos hagan infelices. Y es que hasta el mismísimo refranero popular español lo deja claro, “más vale malo conocido que bueno por conocer”.

La ciencia dice que nuestro cerebro tiene aversión al riesgo. Por eso, cuando sentimos que las cosas son estables y seguras, aunque no del todo satisfactorias, la necesidad de planificar o pensar en el futuro no apremia. Y es que, ojo al dato, el 90% de lo que somos a los 35 años son actitudes, comportamientos y reacciones memorizadas.

Sin embargo, cuando la sensación de pérdida supera al miedo frente a lo nuevo, nuestro guerrero interior aparece en escena en todo su esplendor. Todos conocemos alguna historia de la persona seria, conservadora y profesional a la que después de anunciarle una enfermedad terminal decidió dejarlo todo para irse a recorrer el mundo y cumplir con sus sueños aplazados.

La pregunta es, ¿por qué esperar hasta que no nos quede tiempo para cumplir con nuestro propósito?

Estos dos últimos años han sido convulsos, pero veamos el punto positivo. Nos han movido algunos cimientos que creíamos bien anclados y nos han colocado en un punto de partida interesante, uno que desafía la respuesta tradicional a la pregunta anterior.

Y para muestra, un botón. Según Gallup, el 2021 fue un año negro para las empresas, y es que el nivel de compromiso de los trabajadores descendió a su mínimo histórico por primera vez en la última década. En esta línea, otro estudio de Mckinsey determinó que, mientras que el 80% de los encuestados declaró como una prioridad vital poder desarrollar su propósito en el ámbito laboral, solo un 15% del total (excluyendo a directivos senior) afirmó poder hacerlo en su puesto actual.  Como resultado,  ⅔ partes declaró que se estaba replanteando un cambio de trabajo a otro donde pudieran poner en valor sus anhelos más profundos, y la estadística se multiplica x3 en el caso de los millenials; conviene no olvidar que constituirán el 70% de la fuerza laboral en 2025.

Los datos parecen indicar que las nuevas generaciones sí que están dispuestas a asumir más riesgos a cambio de poder desarrollarse, pero la realidad es que aún hoy muchas empresas se resisten al cambio, compañías que se están perdiendo un océano azul de oportunidades por no hacerse una simple pregunta, ¿qué es lo que les importa a los empleados del siglo XXI? (La cerveza gratis los viernes por la tarde y las salas con videojuegos para esparcimiento no han resultado ser suficientes.)

Decía Zig Ziglar que “puedes tener todo lo que quieras en la vida, siempre que ayudes a otras personas a conseguir lo que ellos quieren”. Y hoy, las nuevas generaciones demandan a gritos integración entre su vida profesional y personal, y un entorno laboral que les permita poder desarrollar su propósito y propuesta de valor única.

Si las empresas hoy quieren destacarse en el mercado y conseguir sus objetivos, necesitan generar precursores de marca que les acompañen en el camino.

Algunas de las variables en las que invertir para conseguirlo, de acuerdo a las encuestas de Gallup, son:

  • Entrenar a los líderes en habilidades de comunicación: los empleados más comprometidos, son aquellos que tienen un líder que no solo sabe hacer un plan de acción, sino comunicarlo.
  • Flexibilidad: más oportunidades para trabajar en remoto. Hoy la productividad se mide por objetivos alcanzados, no por horas calentando la silla.
  • Formación: dar a los empleados todas las herramientas que necesitan para poder desempeñar su trabajo. Aquellos que cuentan con un líder coach, que sabe identificar y distribuir sus recursos en el equipo, son los que afirman sentirse más preparados y son más productivos en el desempeño de sus tareas.
  • Apuesta por el bienestar de los empleados: sin que ello se limite a un seguro médico. Oportunidades de crecimiento, espacios libres para poder aprender otras habilidades, promover relaciones laborales sanas o condiciones para poder integrar vida personal y profesional son hoy la medicina para evitar el estrés crónico de la fuerza laboral (que no olvidemos, supone unas pérdidas anuales para las empresas de 322 billiones de dólares a nivel mundial).

El compromiso de los empleados hoy depende directamente en un 70% de la calidad de sus líderes.

¿Y si nos atrevemos a desafiar a nuestro cerebro y cambiamos la forma de hacer las cosas comenzando por invertir en ellos?

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