Miedo al cambio: qué hacer cuando no sabes qué hacer. Mis lecciones de vida.

Nos sentimos filósofos cuando decimos que “la única constante en la vida es el cambio”, pero ahí seguimos, empeñados en continuar ocupando un puesto en una empresa o manteniendo una relación que no nos hace feliz, soportando por elección propia a un jefe/mujer/marido que nos provoca insomnio y colocándonos en una posición de victimismo que nos puede llegar a hacer sentir peligrosamente cómodos.

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Es hora de que aceptemos la realidad con todo lo que eso significa. Cada vez que leo la frase “si quieres, puedes”, mi cabeza cortocircuita. Cada día descubro más pseudo-expertos que traen recetas para el cambio que prometen ser la fórmula mágica de la Coca-Cola para que tu vida profesional (o personal) cambie, pero nadie te avisa de que el cambio, normalmente, da miedo, y mucho. De que, si estás en una situación de estancamiento, no habrá receta ajena que te saque de ahí, y que tendrás que experimentar con tus propios ingredientes hasta que el plato final sea digno de ser servido.

Hace casi 7 años que decidí abandonar la carrera que había orientado al Derecho tras no conseguir superar unas oposiciones a notarías. El primer fracaso de mi vida. En estos últimos años he tenido 5 cambios de carrera profesional que, entre otras cosas divertidas, me llevaron a trabajar en la campaña presidencial de Hillary Clinton, conocer al presidente Obama, trabajar para una organización internacional o emprender en nuevas tecnologías. Este periplo me llevó a vivir en 4 países diferentes y, ahora que miro hacia atrás, soy capaz de unir los puntos que me han traído hasta el día de hoy y dar las gracias por ese “primer fracaso” que me dejó congelada al principio, pero que ahora considero la mayor fortuna que pude tener.

Estos son los 12 aprendizajes que he sacado de todos estos saltos en paracaídas.

El cambio es lo único que nos garantizan acercarnos un poco más a lo que queremos, no hay otra forma de llegar ahí si no es evolucionado y moviendo las piezas de lugar. El éxito, tanto en lo personal como en lo profesional, no se alcanza sin cambio. Nuestra vida se basa en un continuo experimento de prueba y error que nos va acercando cada vez más al ideal que tenemos en la cabeza. Si no metes la pata unas cuantas veces, no tendrás que atravesar nunca el miedo que supone lanzarse a lo desconocido, pero tampoco te vas a acercar a esa imagen que estás proyectando. Alguien la va a tomar por ti.

Cambiar no es solo moverse, igual que estar ajetreado todo el día no significa ser productivo. Requiere un ancla que permita modificar el rumbo, pero siempre guiados por un núcleo de principios férreo. El cambio eficiente requiere autoconocimiento previo, una guía propia que aporte cierto orden dentro del caos. Lo contrario sería movernos según por dónde nos dé el viento. No es la idea.

Lo único que te está impidiendo evolucionar, es tu propia incoherencia. Hace años acudí a una coach. Ella me preguntó para qué seguía en esa carrera que me sentía tan infeliz, yo le contesté que buscaba la seguridad económica que me permitiera hacer lo que realmente quería: ser libre y poder trasladarme a otros países para trabajar y vivir (algo del todo incompatible con lo que estaba haciendo). Durante años reflexioné sobre mi incoherencia en aquel momento. La sorpresa me la llevé cuando comencé mi carrera como coach, al darme cuenta de la cantidad de personas y organizaciones que tienen conflictos similares justamente por este tipo de incoherencia. ¿Se corresponde la vida que planeas con lo que estás haciendo hoy? Si quieres A, pero siempre obtienes B: algo está fallando.

Es muy importante contar con feedback y escuchar opiniones, pero más importante aún saber a quién le das el poder para darte un consejo. Tendemos a dejar que muchas opiniones ajenas nos atraviesen. Huye de toda frase que comience por “tú lo que tienes que hacer es”. Recibe abiertamente feedback de personas valiosas, pero no permitas que los miedos de los demás te condicionen.

Pregúntate de manera regular si lo que estás haciendo es una elección propia o estás condicionado por tu entorno. Indaga, pregunta y cuestiónate a menudo. Si estás viviendo en automático, cuánto antes te des cuenta, mejor. Si no tenemos definida nuestra identidad, será muy difícil que podamos alcanzar los objetivos que nos proponemos. Enfócate en eso.

Deja atrás la modestia y presta atención a lo que dices sobre ti mismo. Hay una diferencia muy grande entre el amor propio y la fanfarronería. Nos enseñaron a no presumir demasiado de nuestros logros, pero, te quiero decir algo, si tú no te lo crees no vendrá nadie a levantar la voz por ti. Habla con orgullo de tus logros. Destaca tus fortalezas y no tus debilidades. Aprende a ponerte en primera línea (sin dejar de ser humilde).

Se proactivo. Si estás estancado y no sabes que hacer, busca ayuda cuanto antes. Que la falsa seguridad de “yo puedo solo” no te frene, sé por experiencia que no te va a llevar muy lejos. Te vas a ahorrar muchos dolores de cabeza si cuentas con alguien que te acompañe. Mucho mejor si no es familiar, pareja ni amigo. La objetividad te hará mucho bien.

Mantén a raya el perfeccionismo. Apóyate en el método Lean, para los negocios y también para tu propia vida. Deja de esperar el momento perfecto. No es la confianza en nosotros mismos los que nos da la seguridad para conseguir lo que queremos, es trabajar por conseguir lo que queremos lo que nos da confianza en nosotros mismos.

Estamos programados para no cambiar, incluso nuestro entorno se va a resistir a ello. Es mucho más sencillo que todo se mantenga igual que hacer modificaciones profundas que van a impactar no solo en tu vida, si no en las de los que te rodean. Tenlo presente y no te amedrentes.

El cambio requiere un disparador que comienza en la mente: la decisión. Pero el pensamiento no te va a llevar a ningún lado, necesitas trabajar duro y estar preparado para saber que habrá días en los que te sientas en la cima del Everest y otros en los que estés completamente perdido. Es parte del proceso. No pares y confía en él, aún con lágrimas de por medio. Considérate un valiente y prepárate para enfrentar periodos donde parece que nada avanza. De repente se hace la magia y todo cobra sentido.

No pierdas el tiempo esperando a que mañana suceda algo diferente que te saque de tu situación. Si no sabes que hacer, usa el pensamiento lateral y empieza a determinar lo que NO quieres hacer. Ten la determinación de avanzar aun cuando no tengas seguridad sobre el destino. Obsesiónate con fijar la dirección correcta, pero no con un resultado final.

Haz del inicio de tu proceso un espacio sagrado. Necesitas enfocarte en escucharte. Si tu situación familiar y económica te lo permite, aíslate en un lugar completamente nuevo para ti durante unas semanas, haz de ese lugar un disparador de tu creatividad y un espacio de silencio donde descubrir hacia dónde quieres ir. En el momento de cambio más importante de mi vida, tuve la suerte de poder irme a un pueblo francés de 100 habitantes. Sin cobertura. Fue la mejor decisión que tomé.

Si no estás satisfecho con tu situación actual, comienza HOY a planificar qué hacer y, sobre todo, elige de quién rodearte para poder hacer la travesía con el menor oleaje posible. Actúa a pesar del miedo, y sé valiente para buscar ayuda.
Un día más, o un día menos. Según cómo lo mires…

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