Donald Trump nominó a Kevin Warsh, exgobernador de la Reserva Federal y ex banquero de Morgan Stanley, para sustituir a Jerome Powell al frente de la Fed, en una decisión que, según AFP, Bloomberg, The Wall Street Journal, la propia Reserva Federal y la Casa Blanca, anticipa un giro importante en la política monetaria.
La designación llega en medio de la controversia sobre la gestión de Powell —acusado por congresistas republicanos de encubrir sobrecostos millonarios en la renovación de edificios y de mentir bajo juramento— y cuando la administración Trump exhibe datos macroeconómicos favorables: crecimiento real sostenido desde el 2.º trimestre de 2025, recuperación manufacturera según el ISM y una marcada caída del déficit comercial, trabajos que la Casa Blanca atribuye a sus medidas económicas.
Con mayoría republicana en el Senado, la confirmación de Warsh se da por probable; aun así enfrentará audiencia en el Comité Bancario, donde deberá equilibrar la confianza de los mercados y del Ejecutivo. Si es ratificado, Warsh asumirá con reformas previstas que, según declaraciones oficiales, buscan alinear la Fed con la agenda de la administración y responder a cambios sistémicos internos y globales.
Además de las expectativas sobre la política de tasas, la llegada de Warsh plantea interrogantes sobre la orientación regulatoria y la supervisión financiera.
Analistas advierten que su historial en Wall Street y su cercanía al sector privado podrían derivar en una postura más favorable a la desregulación, con impacto en la supervisión de bancos regionales y actividades de crédito.
Ese posible cambio suscita inquietud entre quienes temen un retorno a prácticas que, en su opinión, podrían elevar riesgos sistémicos si no se acompañan de controles robustos. Por otro lado, sectores productivos celebran la posibilidad de tasas más bajas y una Fed más colaborativa con metas de crecimiento y empleo.
En el terreno político, la designación refuerza la agenda del Ejecutivo y abre una nueva fase de confrontación institucional con voces críticas dentro y fuera del Congreso.
La confirmación de Warsh también pondrá a prueba los equilibrios entre independencia técnica y coordinación con la política fiscal de la Casa Blanca, aspecto clave en un contexto global marcado por inflación residual, tensiones geopolíticas y mercados financieros volátiles.
En suma, la futura presidencia de Warsh no solo definirá la trayectoria de la política monetaria, sino que condicionará el marco regulatorio y la relación entre la Reserva Federal y el Gobierno en los años venideros.






